El corazón delator

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Sabía que mi corazón me delataría con más fuerza si la volvía a ver, pero ya después de muchos días mis deseos de ver de nuevo a Patricia eran muy intensas, así sea que mi corazón hiciera un ruido ensordecedor y toda la gente se diera cuenta de cuán intensidad me gustaba ella, y era justo lo que no quería, nadie, absolutamente nadie debía saberlo. Aún así sabía que tarde o temprano mi corazón me delataría con el mundo entero y luego no latería nunca más.

La primera vez que la vi, estaba sentada en la última mesa de la biblioteca del liceo, al fondo, sola, leyendo un libro, su cabellera larga negra cubría casi toda su cara, sólo se dejaba parte de su nariz y la comisura de su boca, esa que tanto me tentó besarla, pero que nunca me he atrevido, de sólo pensar que de pronto me acercaba a ella para acercar mis labios a los suyos, mi corazón empezó a latir muy fuerte. Sabía que en ese silencio casi absoluto de la biblioteca, mis latidos, fuertes como el sonido de un bombo, iban a perturbar a todos los que estaban allí, todos me descubrirían, me delataría ante todos, llevé mis manos a mi pecho tratando de detenerlo. Patricia levantó la vista de su libro para verme y me sonrió. El ruido era ensordecedor, me iban a sacar, lo sé. La bibliotecaria se me acerca y le digo:

-Sí, sí, ya me voy, ya me voy…

-Sólo quería saber si se siente bien, joven.

–Sí, sí, ya… ya… me voy, ya me voy…

Había pasado muchos días sin verla, y deseaba verla de nuevo, deseaba hablar con ella… No la vería más hasta esta tarde, hasta donde sería el encuentro decisivo, antes sólo la soñaba, la miraba por una foto que arranqué de una cartelera donde aparecía ella, justo antes que Andrés se diera cuenta. Debía actuar de manera muy sigilosa, sabía que a Andrés también le gustaba Patricia y él era mucho más destacado en todo que yo: era el capitán del equipo de fútbol del liceo, ganó medallas de oro y plata en los pasados juegos de atletismo interliceístas…, era muy popular. Debía pensar en algo audaz, no podía dejarme ganar por este Andrés el gorila.

Anoche pensé largamente en qué debía hacer, hasta que se me ocurrió que le escribiría una nota, corta, concisa, pero con las palabras precisas para que ella se conmoviera y me aceptara, debía dársela al día siguiente para que el encuentro sea en la tarde, en la misma biblioteca del liceo, debía ser allí para que sea menos sospechoso.

Hoy en la mañana la esperaba en el patio del liceo, sabía que pronto llegaría a su clase, tenía la nota en la mano, no sabía cómo dársela, debía encontrar alguna excusa buena, hasta que ella apareció. Pude detallar más sus ojos negros, su boca que reía junto con sus amigas, y de pie, en medio del patio, y empecé a acercarme a ella, mi corazón empezó a latir cada vez más fuerte, sabía que me delataría, sabía que antes de llegar, Patricia me descubriría por mis latidos, eran muy intensos. A pocos metros, ella se volteó y me miró, me sonrió pero más tierna que la vez de la biblioteca, mis latidos eran tan intensos que las voces de los demás no se escuchan, no sabía cómo podían hablar si no se escuchaban.

-En la biblioteca se te cayó esto –le dije a Patricia, casi en un balbuceo inintelegible, ella tomó el papel y rozó mis dedos, no dijo nada, ella sabía que si me decía algo no la escucharía por mis latidos intensos, tampoco le dije nada, y se hizo un silencio tal, que mis latidos era lo único que se escuchaba. Me fui, a que se apaciguaran mis pulsaciones, y esperar ansiosamente a que sea la tarde.

El encuentro iba a ser en la biblioteca del liceo a las cuatro de la tarde, yo estaba sentado en la última mesa del fondo, al lado del asiento donde estaba sentada ella la primera vez que la vi. El reloj de pared ya marcaban las cuatro y diez, y Patricia aún no llegaba, tenía en frente de mi un libro, hacía que lo leía, pero me era imposible concentrarme en él, sólo veía las manecillas del reloj, y casi sin darme cuenta, Patricia ya estaba cerca de la mesa, estaba parada allí y me sonreía, llevé mis manos a mi corazón antes que empezara a latir con fuerza, hasta que Andrés se aparece en la puerta de la biblioteca, me extrañó mucho porque él nunca va allí.

-Patricia- la llamó Andrés, ella volteó y lo miró –salón 24, ahorita- dijo él y se fue.

Ella me miró, esa vez estaba seria, dudó un poco y me dijo:

-Espera.

Y se fue. No sabía qué hacer. Esperé un poco, hasta que decidí salir de la biblioteca. El salón 24 estaba en primer piso, decidí subir. Mientras más me acercaba a la puerta del salón, mis latidos eran cada vez más fuertes. La puerta del salón estaba entreabierta, a pesar de mis latidos escuchaba unas voces, eran las de Andrés y Patricia, los únicos que estaban en el salón, pero no distinguía qué decían. Mis latidos me ensordecían, pero pude notar que de pronto las voces de ellos dejaron de sonar. Sólo era el sonido de mi corazón y el chirrido de la puerta al abrirla. Debe ser que ellos dos estaban tan concentrados en su beso, que nunca escucharon a mi corazón detenerse.

Una respuesta to “El corazón delator”

  1. Sofía Dice:

    Uffff …qué triste …
    Este cuento es cómo un modelo de frustración … pero un reflejo de realidad …

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