Ni ganar ni perder

pero no es fácil ni ganar ni perder.
Koan zen
Ahora bien, ¿qué sucede si esa dualidad de opuestos irreconciliables y enemigos no existe, sino que se interrelacionan y complementan, sin entender oposición como tal? Pues esa propuesta ya existe desde la antigüedad, con el Tao, el Zen, y otras filosofías orientales. Según el Tao todos los seres, objetos, pensamientos tienen un complemento, dependiendo de él para su existencia y ese opuesto a su vez está dentro de sí mismo. Es allí que nada existe en estado puro y que está en permanente cambio. Por lo que todo puede ser opuesto, depende del punto de vista que se mire. Las dos fuerzas que se oponen son las que crean el Tao, principio generador de todas las cosas, del cual surgen. Cada fuerza sería el yin y el yang.
El Zen trasciende toda categoría de pensamiento, Zen no se interesa en ninguna abstracción ni conceptualización, está convencido de que las palabras nunca expresarán la verdad última. Para el Zen la perfección es la naturalidad y espontaneidad. No hay explicaciones, es tal y como es, rompiendo con la lógica. Para el Zen todo se simplifica a lo esencial, de ahí que no existe lo dual o los opuestos, lo complejo es como una esfera, unificando todo en uno.
Es común ofrecer resistencia a lo que se nos opone, manifestando una energía para contrarrestar eso que creemos está opuesto a nosotros, una energía que es malgastada, mal canalizada, agotándonos, agotando nuestros recursos, y haciendo uso de la violencia, llámese justificada o no, pero violencia al fin de cuentas. Un ser ecuánime puede solventar los escollos con una mejor canalización de energía que uno que esté enceguecido por la rabia, una rabia que es opuesta a la armonía, es una energía que desequilibra. Ahora bien, no se puede confundir ecuanimidad con pasividad, son dos cosas muy distintas, es un error de nuestra cultura occidental confundir ambos términos. Un ser ecuánime puede solventar los escollos con una mejor canalización de energía que uno que esté enceguecido por la rabia. Estando ecuánime, es capaz de canalizar la energía de modo de solventar la situación con el mínimo esfuerzo, como el yudoka que con un pequeño giro de muñeca tumba al oponente al piso, sin una gota de sudor, en cambio si está como una tromba, alguien inteligente lo puede tumbar y no supo cómo, y para colmo queda agotado para ser vencido más fácilmente. Estamos acostumbrados a una “explosión” de energía, malgastada toda, el asunto es tratar de concentrar toda esa energía.
Siempre queremos vencer, pero al vencer habrá un vencido, y es probable que el vencido seamos nosotros, ¿cómo sería entonces no vencer, pero tampoco ser vencido?
*Como ser humano, homo sapiens, sin connotación sexista



Muy buena filosofía, El zen y pensar q todo esta conectado, y q el hombre puro es aquel q pone la simplicidad por encima de todas las cosas, dejando así los bienes o posesiones materiales en solo eso, cosas q se usan cuando se necesitan y nada mas; es un ideal bellísimo, pero cuando pasamos de la idea a la acción la cosa se complica bastante.
Quien de nosotros no se ha vuelto todo hígados frente al ataque de su opositor?
Y si el ser llega a dominar por completo todos sus impulsos primarios, q seria de la pasión, los ataques creativos, la política, el amor???
Creo q si la vida fuese siempre un mar en calma el asunto seria bastante aburrido.
Quien se queda en la bahía viendo el mar cuando no hay olas???
Gracias Pau por tu comentario.
Justo la idea es dejar de volverse hígados y tender a ser aire, ante el ataque del opositor.
Nadie ha dicho de reprimir los impulsos, sino de canalizarlos, de no malgastarlos, de concentrarlos en lo que deseamos sin desperdiciar nada, de potenciar, justamente, la pasión, los ataques creativos, la política, el amor, no de suprimirlos.
Y que no se confunda calma con aburrimiento, siendo así, las guerras serían muy divertidas.