Revolución y no-violencia

Aunque la no-violencia es una doctrina racional y razonable, mas la razón difícilmente puede producir por sí solo adeptos a la no-violencia. No basta comprender la no-violencia, hay que sentirla, con una mística cuasi-religiosa. Si la violencia se ha dicho, es algo connatural al Hombre, también lo es la aspiración a liberarse de esa herencia animal, a superarla, a ser plenamente Hombre. Según Gandhi la verdadera autonomía comienza por el control de uno mismo, llegando a ella a través de la resistencia pasiva, es decir la fuerza del alma o fuerza del amor.
Una revolución por medios no violentos es posible, a condición de que sus adeptos sean suficientemente numerosos y estén dispuestos a realizar sacrificios análogos a los que requiere la revolución violenta. Liberarse de la violencia de Estado no significa renunciar a nada que valga la pena. Lo que debe significar y lo que significa es la libertad del espíritu humano. No hay coexistencia posible entre la violencia organizada del Estado y la libertad del individuo. La violencia del Estado no se debe a una clase gobernante determinada, sino a una actitud psicológica que predomina en el “mundo civilizado”. Justo de ese “mundo civilizado” es que debemos liberarnos, los otros mundo posibles están lejos del modelo de “civilización” que conocemos.


