La condena
Hombre muerto
Manuel Domínguez Guerra
Carbón y acuarela/papel
Fui condenado a muerte. Al bajar las escalinatas a mi casa, Moncho me miró fijamente y me mostró su pistola recién lustrada, nunca detuve mi paso. El sol arreciaba y una gota de sudor bajó por mi frente.
En mi morral metí sólo lo necesario, tres mudas de ropa y dos libros, lo demás no me interesaba, sólo irme del barrio para nunca regresar. Le dejé la llave de mi habitación a la dueña, dejándole una nota.
Al salir tuve suerte, no había nadie en la escalinata. Cuando ya había subido unos veinte escalones escuché la voz de Moncho detrás de mi.
-Métete al monte.
La pistola se sentía fría en mi sien, mis rodillas me dolían con las piedras del piso. El sol arreciaba y una gota de



