La filosofía de la mitad y mitad

2009 Octubre 26
by reveladoyrebelado

La mitad de camino es
El mejor estado del hombre, cuando el paso más lento
Le autoriza la calma.

Li Mi-an

En los últimos tiempos se ha visto con preocupación cómo se ha degenerado la sociedad, al punto de llegar a consecuencias alarmantes: la contaminación que menoscaba la naturaleza y la vida del hombre, la extrema concentración de riquezas en pocas manos y la extrema pobreza en la mayoría de la población mundial, un rumbo indefinido al que se dirige la sociedad que, para muchos, de seguir así, llegará a una inevitable debacle. Todo esto a consecuencia de un modo de pensamiento generalizado, el “único pensamiento”, que va en función, en esencia, de la acumulación de capital por encima del desarrollo del ser humano en sí y del respeto a la naturaleza. La ideología dominante es básicamente el problema principal que impide la verdadera evolución del hombre y actúa como fuerza opuesta, hacia la destrucción, como se ha dicho, de la naturaleza y de la humanidad.

Esto nos instiga a pensar que es preciso adoptar un modo de pensamiento y de vida distintos a los que llevamos actualmente. La estrategia pudiera estar sustentada en dirigirse hacia una forma de vida que vaya a “contrapelo” de la formación que impone la ideología dominante. Sabemos que la sustentación del sistema capitalista se basa fundamentalmente en el consumo, que tanto nos bombardea los medios de comunicación masivos. Es allí donde entra nuestra profunda convicción a tomar acciones para el cambio, es ineludible que el cambio de paradigmas en nosotros mismos es lo que empujaría a que nuestro entorno social manifieste transformaciones significativas hacia lo armónico. Nuestra acción estaría encaminada a oponernos a la cultura expansiva de más es mejor, y dirigirnos a la cultura de la suficiencia, suficiente es mejor, de la mesura, de la sobriedad, del autodominio (Harnecker, M., p. 234).

Uno de los razonamientos más interesantes que se puede relucir, luego de lo analizado anteriormente, es la Doctrina de la Mitad y Mitad, creada por el filósofo chino Tsessé, nieto de Confucio. Su razonamiento se enfoca en una forma de vida del absoluto equilibrio, en que se no se está demasiado de un lado pero tampoco demasiado del otro. Este espíritu de dulce ‘racionabilidad’, que llega a un perfecto equilibrio entre la acción y la inacción, que se muestra en el ideal de un hombre que vive en

media fama y en media oscuridad; que es a medias activo y a medias perezoso; ni tan pobre que no pueda pagar el alquiler, ni tan rico que no tenga que trabajar un poco (…); que toque el piano, pero apenas para que lo escuchen sus amigos más íntimos, y sobre todo por su placer; que es coleccionista, pero apenas para adornar su chimenea; que lee pero no demasiado; que aprende mucho, pero no se hace especialista; que escribe, pero a veces sus cartas a The Times son rechazadas a veces y publicadas otras tantas”(Yutang L., p. 127).

Esta filosofía de vida estaría contraponiéndose al modo de vida del sistema capitalista, el cual se basa en los extremos (extrema riqueza de un lado, pero en consecuencia extrema pobreza del otro). Sería ésta la filosofía más humana, en donde no se hablaría de prohibiciones, pero tampoco de libertinajes, se puede poseer bienes, pero ni muy excesivos ni muy pocos; se tendrá algo de prisa, pero no demasiada. Se ayudaría al mejoramiento del entorno y también al mejoramiento personal. Sin sacrificios, pero tampoco sin abandonos. Estoy convencido que en la medida que se vaya adoptando este modo de vida, y se vaya expandiendo al resto de la sociedad, el mundo se irá tornando más vivible y más justo, en donde los contrastes entre las personas se irían reduciendo y por lo tanto se iría imponiendo la equidad y se reduciría los privilegios y las exclusiones y la explotación del hombre por el hombre. No tendría sentido los dominantes sobre los dominados, ni sería necesario la manipulación de unos para el beneficio de otros, ya que resultaría absurdo. De este modo, habría una absoluta conciencia colectiva y un convenio armónico entre todos los habitantes de ese mundo que todos deseamos y que en todos, sin excepción, tengamos una vida digna.

Quizá todo esto no sea más que metas utópicas, es decir, metas que no se pueden nunca realizar, aunque toda la humanidad se pusiera de acuerdo, “metas que contienen todos los valores en su estado puro y definitivo, pero su estado de perfección escapa de las posibilidades humanas, aunque sirven para iluminar su camino”. Es hacia allá donde dirijo mis intenciones: iluminar, de una manera natural, un camino del que estoy convencido es el correcto.

Referencias:

Harnecker, M., Haciendo posible lo imposible, Siglo XXI España, Madrid, 3ªed. 2000, p. 234
Yutang L., La importancia de vivir, Editorial EDHASA, España, 1980, p. 127

Una respuesta dejar un →
  1. 2009 Octubre 27

    Utopía es, en nuestros días, sinónimo de inalcanzable, pero en sus orígenes era el nombre de la mítica tierra donde la Justicia, la Solidaridad y el Amor se conjugaban para producir una sociedad perfecta. Todas las culturas humanas imaginaron sus propias Utopias; la búsqueda de la Perfecta Armonía ha inspirado las mejores páginas de los mejores hombres, y no se ha detenido aún. Utopía está, existe, y está entre nosotros.

Escribe un comentario

Nota: Puede usar XHTML básico en sus comentarios. Su dirección de correo electrónico nunca será publicada.

Subscripción al comentario vía RSS