Vietnam y ¡bah!

Me duele el dolor de cualquier ser que sienta. Del mosquito al delfín, del gato al obrero, de la lombriz al piaroa, del toro de lidia a las mujeres que he amado; todos son para mí semejantes, prójimos, amándolos como a mí mismo. Antes que venezolano soy americano, antes de americano ciudadano del mundo, antes que ciudadano del mundo soy un ser humano, alguien que siente.
Que me perdonen, pero debo decir que quien al ver que un ser sufre, es oprimido, es vejado, y dice “No me importa, no tiene nada que ver conmigo. Me ocupo de mi casa, no del vecino” es un ser abyecto, inhumano. Quien se ofenda pierde, es culpable. Si calla, si no mueve un dedo, si sólo expresa “¡bah!” al saber que otro ser sufre, no importa quién, no importa dónde esté, es tan culpable como el victimario, es su cómplice. Es abyecto e inhumano quien infringe dolor a otro ser, es también abyecto e inhumano quien se encoge de hombros ante ese dolor.
Seres abyectos e inhumanos, apartaos del camino, entiérrense, desaparezcan, este mundo necesita paz, no la guerra que vosotros hacéis con su indiferencia.
Este texto pertenece a Al borde del medio












